Gabriela Cámara lleva el espíritu de Contramar a Las Vegas: una apertura que habla de madurez, identidad y poder gastronómico mexicano
- 7 abr
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Hay aperturas que generan expectativa, y hay otras que mandan un mensaje. La llegada de Cantina Contramar a Fontainebleau Las Vegas, de la mano de la chef mexicana Gabriela Cámara, pertenece claramente a la segunda categoría. No estamos hablando solo de un restaurante nuevo en una ciudad acostumbrada al espectáculo, al lujo y a la rotación constante de conceptos. Estamos hablando de la llegada de una voz culinaria que no necesita disfrazarse para imponerse, porque lleva años construyendo una identidad sólida, elegante y profundamente mexicana. Cantina Contramar abrió el 28 de marzo de 2026 y desde sus primeros días quedó claro que esta no sería una simple réplica del famoso Contramar de Ciudad de México, sino una reinterpretación pensada para dialogar con Las Vegas sin perder el alma.
Gabriela Cámara no llega a Las Vegas como una chef de moda que busca sumar una plaza más a su portafolio. Llega como una de las figuras más influyentes de la cocina mexicana contemporánea. Fundadora de Contramar en la Ciudad de México en 1998, autora de My Mexico City Kitchen y reconocida por TIME como una de las personas más influyentes del mundo en 2020, Cámara ha construido una trayectoria que combina cocina, cultura, hospitalidad e influencia pública. Por eso esta apertura importa: porque representa la expansión de una chef que no solo vende platos, sino una manera completa de entender la mesa mexicana.
Lo más interesante de esta historia es que, según contó la propia Gabriela Cámara, ella misma dudó al principio de llevar Contramar a Las Vegas. Su razonamiento era muy claro: Contramar no es un concepto fácil de copiar, porque su fuerza no está solo en el menú, sino en una atmósfera, un ritmo, una luz, una energía y una forma de servicio que pertenecen a un momento muy específico de la Ciudad de México. Sin embargo, esa resistencia inicial terminó convirtiéndose en una oportunidad creativa. En vez de intentar duplicar el original, Cámara optó por crear algo nuevo: un espacio que conserva la esencia de Contramar, pero que se adapta con inteligencia a un mercado como Las Vegas, donde el comensal espera intensidad, contundencia y experiencia.
Y justo ahí está una de las claves de este proyecto. Cantina Contramar no busca ser una copia nostálgica, sino una versión evolucionada. En la carta permanecen platos emblemáticos como las tostadas de atún y el pescado a la talla, que son parte central del ADN de Gabriela Cámara, pero también aparecen guiños pensados para el contexto local, incluyendo propuestas más orientadas a una clientela de Las Vegas, con mayor presencia de carne y combinaciones de mar y tierra. Esa decisión no debe leerse como concesión, sino como estrategia: una chef madura entiende cuándo proteger una esencia y cuándo abrir una puerta.
También hay que hablar del espacio, porque este restaurante no se presenta solo desde la cocina, sino desde una narrativa visual poderosa. El proyecto reúne, por primera vez en Estados Unidos, a Gabriela Cámara con la arquitecta mexicana Frida Escobedo, una colaboración que convierte el restaurante en una declaración estética además de gastronómica. Fontainebleau describe a Cantina Contramar como un lugar donde se encuentran dos de las mujeres mexicanas más reconocidas en los mundos culinario y creativo, y la prensa ha destacado elementos como los azulejos índigo y una cocina abierta concebida casi como un escenario. El mensaje es claro: esta apertura no solo quiere servir comida; quiere construir presencia.
Para mí, uno de los aspectos más importantes de esta apertura es lo que representa para la cocina mexicana en escenarios internacionales. Durante mucho tiempo, muchos restaurantes mexicanos en el extranjero tuvieron que simplificarse, exotizarse o plegarse a una idea reducida de lo que “vende” fuera de México. Gabriela Cámara hace exactamente lo contrario. Lleva una cocina mexicana sofisticada, fresca, segura de sí misma y con lenguaje propio a una de las vitrinas más visibles del entretenimiento global. Y lo hace sin perder su centro. Eso vale muchísimo. Porque cuando una chef como ella entra a una ciudad como Las Vegas, no solo abre un restaurante: abre una conversación sobre el nivel, la elegancia y la vigencia de la gastronomía mexicana contemporánea.
Hay además una lectura empresarial que no debemos perder de vista. Esta apertura marca el regreso de Gabriela Cámara al escenario restaurantero de Estados Unidos después del cierre, durante la pandemia, de proyectos como Cala en San Francisco y Onda en Santa Monica. Por eso Cantina Contramar no se siente como un experimento, sino como un regreso calculado, mucho más fino, más estratégico y quizá también más libre. Eater reportó que la noche inaugural recibió más de 300 comensales, por encima de lo previsto originalmente, una señal clara de expectativa y tracción mediática desde el primer momento.
Lo que veo en esta apertura no es únicamente el éxito de una chef reconocida. Veo una narrativa más grande: la de una mujer mexicana que ha sabido convertir su cocina en una forma de diplomacia cultural; la de una restaurantera que entiende el valor del diseño, del contexto y del posicionamiento; y la de una industria gastronómica internacional que hoy está mucho más dispuesta a reconocer que la cocina mexicana puede ocupar espacios premium sin pedir permiso ni traducirse de más. En ese sentido, Cantina Contramar no llega a Las Vegas a probar nada. Llega a confirmar algo: que cuando hay identidad verdadera, el territorio se expande solo.
Gabriela Cámara ha construido su carrera con una mezcla poco común de intuición, disciplina, sensibilidad y visión. Y quizá por eso esta nueva apertura se siente tan coherente. No es una jugada estridente. Es una jugada madura. De esas que no buscan impresionar por volumen, sino por claridad. Y en una ciudad como Las Vegas, dónde tantas veces gana el ruido, eso puede terminar siendo precisamente su mayor fortaleza.








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